Tras la publicación de mis dos libros, muchas personas me preguntan qué es exactamente la “alimentación evolutiva” y cuál es la diferencia con los ya conocidos términos “dieta paleo” y “comida real”. Es cierto que los tres conceptos están relacionados, pero cada uno tiene sus propias características y fundamentos.
En este artículo, examinaremos en qué consiste cada uno, con el objetivo de comprender sus diferencias y entender por qué me enfoco y promuevo la alimentación evolutiva.
¿Por qué uso el término “alimentación” y no “dieta” o “nutrición”?
Primero, veamos por qué prefiero hablar de «alimentación» y no de «dieta» o «nutrición» evolutiva, lo cual también suele ser otra pregunta frecuente.
El término dieta nunca me ha gustado demasiado; tiene un sentido muy estructurado, pautado o planificado de la alimentación, con reglas y restricciones que guían la elección de alimentos. Ningún animal sobre la Tierra (ni el ser humano hasta la edad moderna) necesita seguir o hacer una dieta para estar saludable y sin sobrepeso; simplemente se alimenta con «sus alimentos», con aquellos con los que (su genética) ha evolucionado, a los que está adaptado y, por lo tanto, no le dañan.
Por otro lado, nutrición es un término relacionado con nutrientes (grasas, proteínas, carbohidratos, vitaminas, minerales…) y tampoco me gusta este enfoque reduccionista de aislar y pensar en nutrientes más que en alimentos. Los humanos comemos comida, comemos alimentos, no comemos vitamina B12, magnesio, ácidos grasos monoinsaturados o proteína; comemos aguacate, manzana, rúcula o salmón.
En cambio, alimentación se refiere más concretamente a eso: al acto de ingerir alimentos, lo que hacemos los humanos para que nuestro organismo pueda desarrollar todas sus funciones óptimamente, sobrevivir y transmitir sus genes.
Alimentación Evolutiva: «Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución»
La frase no es mía; es de Theodosius Dobzhansky, genetista y biólogo evolutivo ucraniano, y es el título de un ensayo que publicó en 1973. En él, se argumenta que muchos de los fenómenos biológicos —desde la estructura de las moléculas hasta el comportamiento de los organismos— solo pueden entenderse plenamente cuando se consideran en el contexto de su historia evolutiva y los mecanismos de la evolución. Por ejemplo, la manera en que las especies se adaptan a sus ambientes, la resistencia de las bacterias a los antibióticos, la diversidad de especies en un ecosistema e, incluso, ciertos comportamientos y características de humanos y otros animales, se comprenden mejor al considerar cómo estos rasgos han sido moldeados por procesos evolutivos a lo largo del tiempo. Es decir, cualquier intento de estudiar y entender la biología y la fisiología sin tener en cuenta la evolución resultará en una comprensión incompleta. La teoría de la evolución es esencial para interpretar tanto la diversidad de la vida como las adaptaciones de los organismos a sus ambientes.
La alimentación evolutiva adopta una visión amplia al abrazar la idea de que la evolución humana es un proceso continuo y que nuestra dieta debe adaptarse en consecuencia. No solo se enfoca en los alimentos que consumían nuestros ancestros, sino también en cómo hemos evolucionado para procesar distintos alimentos a lo largo de la historia.
Por ejemplo, la domesticación de animales y el cultivo de plantas permitieron el desarrollo de alimentos como lácteos, legumbres, tubérculos y granos enteros. En algunas poblaciones, esto dio lugar a adaptaciones genéticas, como la capacidad de digerir lactosa en la edad adulta o el aumento del número de copias del gen AMY1, que facilita la descomposición eficiente de carbohidratos. La alimentación evolutiva considera estas adaptaciones y permite la inclusión de lácteos, legumbres y ciertos granos si la persona los tolera bien.
Además, la alimentación evolutiva destaca la importancia de entender nuestro propio cuerpo. Esto incluye considerar la genética individual, las sensibilidades alimenticias, el estilo de vida y las preferencias personales. Por lo tanto, no existe una alimentación única para todos; lo que es beneficioso o perjudicial para una persona puede no serlo para otra.
Dicho todo esto, no debemos olvidar que el pilar central de mi visión de la alimentación evolutiva es que, cuanto más tiempo ha «convivido» un alimento con nosotros, más estamos adaptados genéticamente a él, mejor nos sienta, menos nos daña y, por lo tanto, menos nos enferma. De ahí que el agua nos siente mejor que una Coca-Cola, unas cerezas mejor que un bollo industrial, unos frutos secos mejor que unas galletas o un pescado mejor que el pan o la pizza.
Dieta Paleo: Retorno al Pasado
La dieta paleo se basa en un enfoque más rígido y restrictivo, centrándose en los alimentos que se cree que nuestros ancestros consumían durante el Paleolítico (caza, pesca y recolección de plantas), y eliminando los alimentos derivados de la agricultura y la ganadería que aparecieron a partir del Neolítico. Se argumenta que, dado que nuestros ancestros no tenían acceso a granos, legumbres, tubérculos, lácteos y alimentos procesados, estos alimentos no son adecuados para nuestro consumo.
Si bien este enfoque ha ayudado a muchas personas a mejorar su salud, especialmente al reducir el consumo de alimentos procesados —y en ese aspecto es muy bienvenida—, presenta algunos desafíos. Uno de ellos es que la dieta paleo puede ser muy restrictiva, lo que puede dificultar su sostenibilidad a largo plazo para algunas personas. Además, al excluir ciertos grupos de alimentos, se reduce el abanico de posibilidades para obtener nutrientes variados. Si a una persona le gusta el sabor y no le sienta mal un buen lácteo fermentado como el kéfir o el yogur, ¿por qué privarse de él y de sus probióticos? ¿O de la fibra de unos garbanzos? ¿O de aumentar el almidón resistente a través del cocinado y enfriado de la avena?
Es importante destacar que la evolución humana no se detuvo en el Paleolítico, y existen adaptaciones posteriores que permiten a muchas personas consumir alimentos como lácteos y legumbres sin problemas.
Comida Real: Enfoque en Calidad y Naturalidad
El movimiento de la «comida real» (real fooding) aboga por un enfoque en la calidad y naturalidad de los alimentos. Esto significa elegir alimentos frescos, sin procesar o mínimamente procesados, y evitar aquellos con aditivos artificiales, conservantes y azúcares añadidos.
Es un movimiento que ha hecho mucho bien, ayudando a concienciar a muchas personas de lo dañino que resulta basar su alimentación en productos industriales y ultraprocesados.
La alimentación evolutiva se basa en esta “comida real”, dado que, como ya hemos mencionado, los alimentos industriales ultraprocesados son recientes en la historia evolutiva del ser humano (no han existido durante el 99,99 % de nuestra evolución). Por ello, no estamos adaptados a ellos, no son comida (nuestro organismo no los reconoce como tal); son “productos comestibles”.
La única pega que le veo es que el término “comida real” no me convence del todo y prefiero llamarla “comida natural”, ya que creo, da lugar a menos confusión. Al fin y al cabo, real también es un producto comestible industrial, ya que “existe”; en cambio, la “comida natural” es la que nos proporciona la naturaleza, no una fábrica que ha sometido la materia prima original (natural) a múltiples procesos, convirtiendo el alimento resultante en algo que en nada se parece a comida humana.
Conclusión
Después de analizar estos enfoques, encuentro que la alimentación evolutiva es la más prometedora debido a su naturaleza adaptable y a su consideración de la evolución humana continua. Además de los beneficios que comparte con la dieta paleo (como la promoción de alimentos no procesados), también permite una mayor variedad y flexibilidad.
La inclusión de alimentos que han demostrado ser beneficiosos, incluso si son de origen más reciente que el Paleolítico, resulta en una dieta más diversa y nutritiva. Esta diversidad no solo es más sostenible, sino que también contribuye a cubrir un espectro más amplio de nutrientes esenciales.
A través de un entendimiento más profundo de nuestra historia evolutiva y las necesidades individuales, la alimentación evolutiva presenta un camino equilibrado y sostenible para aquellos que buscan optimizar su salud a través de la nutrición.